¿Cómo se conduce un coche eléctrico?

Cómo conducir un coche eléctrico

11 de diciembre de 2019

El coche eléctrico llega para quedarse. El futuro será limpio, con cero emisiones, y silencioso. Y aunque con diferencias sustanciales, éstas no son llamativas a la hora de conducir respecto a un coche diésel o gasolina.

 

Pero, ¿cómo conducir un coche eléctrico? Ya hay mucha gente que ha tenido acceso a conducir un coche eléctrico, ya sea a través de una de las empresas de carsharing, de un conocido que ya posee uno, o de algún concesionario. Y ha comprobado su funcionamiento.

¡Sencillo! Lo habitual, la primera vez, al encender el motor mediante el botón de arranque, es volver a pulsarlo de nuevo pues “el coche no ha arrancado”. Ah, ¡que es un eléctrico! Al ponerse en marcha no hay sonido alguno ni vibraciones que nos indiquen, como estamos acostumbrados, que el motor ha tomado vida. Nos fijaremos en la instrumentación, donde la palabra “ready” (listo), en verde, nos indicará que el coche está listo para insertar la velocidad y arrancar.

¿Se conduce igual un coche eléctrico que uno tradicional?

Pues sí y no. Un coche eléctrico muestra unos fundamentos diferentes a la hora de entregar su potencia y reacciona al acelerador de una manera inmediata. Transmite el elevado par máximo a las ruedas de forma directa e instantánea, asociándose a un cambio automático de una sola velocidad. Esto no implica dificultad alguna respecto a un motor de gasolina, todo lo contrario; solo acostumbrarnos a una respuesta diferente al acelerar para graduar la entrega de potencia y realizar una conducción más eficiente, suave y uniforme. 

 

Esa respuesta inmediata, que al principio te sorprende, es una de las peculiaridades más apreciables en un eléctrico. Disponer de todo el par máximo desde el primer momento le hace imbatible en aceleración en los primeros metros.  Pero enseguida se obtiene el tacto al acelerador y se suaviza la respuesta, dosificándola a nuestro gusto. Una sensación gratificante al volante que también supone un plus en seguridad, pues esa rápida reacción al conducir un coche eléctrico está continuamente presente, incluso en carretera siempre que haya margen hasta alcanzar la velocidad máxima. Esta está limitada en casi todos los eléctricos para gestionar su autonomía máxima.

Funcionamiento silencioso del coche eléctrico

A la hora de conducir un eléctrico, disfrutaremos de su silencio y ausencia de vibraciones, aunque esto hace más evidente los ruidos aerodinámicos y de rodadura de los neumáticos. Por eso los fabricantes ponen especial énfasis en estos apartados y en la evolución de los eléctricos se ha evidenciado un mejor aislamiento, que filtra con efectividad, como muestra el Nuevo Opel Corsa-e, el ruido exterior.

 

Esa ausencia de ruido que se traduce en confort de marcha, también es lo que se percibe en el exterior: silencio. Cuando se acerca un coche eléctrico no se escucha su llegada, una de sus virtudes en la búsqueda de soluciones de sostenibilidad para nuestras ciudades.

 

Pero ello implica que en conducción urbana debamos de tenerlo en cuenta. Además de la vista, al movernos, también nos guiamos por los sonidos. Al cruzar una calle, ya antes de mirar, sabemos que se acerca un coche por el sonido que emite el motor, con lo que no cruzaremos; pero un coche eléctrico “no avisa”. De hecho, ya algunos eléctricos disponen de un modo seleccionado desde el interior por una tecla, para emitir un pitido intermitente que sirva de aviso de su presencia. Se valora que en el futuro, cuando el número de vehículos eléctricos crezca en nuestras urbes, sea obligatorio incluir este dispositivo.

Frenada regenerativa de los coches eléctricos

Otra de las diferencias que encontraremos al conducir un coche eléctrico, está en las características de su frenada. Los modelos eléctricos disponen de freno regenerativo , por lo que además de detener el coche a la hora de pisar el pedal de freno, se aprovecha la energía cinética generada para convertirla en energía eléctrica que sirve para recargar la batería. Por ello el tacto es diferente y requiere acostumbrarse a él, pues nunca muestra el mismo mordiente, pudiendo alargar algo más la frenada. 

 

Como complemento para detener el coche, los eléctricos cuentan con una gran capacidad de retención, manifiesta al levantar el pie del acelerador, movimiento que también implica esa transformación en la energía que sirve para recargar. Los eléctricos más actuales disponen de sistemas para regular esa capacidad de retención a través de los modos de conducción y, sobre todo, mediante niveles de contención asociados al cambio, o mediante las levas en el volante con diversos niveles de contención. De hecho, a través de éstos, muchas veces se hace prescindible el uso del freno en ciudad y carretera, a menos que apuremos la frenada. 

Diferencias entre un coche eléctrico y uno de gasolina o diésel

Hemos visto algunas de las características más reseñables en un coche eléctrico respecto a uno de gasolina o diésel, pero hay todavía otras cuestiones que diferencian su uso. Una evidente es la fuente de alimentación, los combustibles fósiles frente a la electricidad. Un vehículo eléctrico se puede recargar en un enchufe doméstico o en la red pública con cargadores rápidos, mientras un coche de gasolina o diésel hay que hacerlo en una gasolinera. Esto supone un planteamiento diferente a la hora de recargar. La infraestructura pública está creciendo con la demanda de los vehículos eléctricos, pero todavía es más limitada que la red de repostaje de carburantes, lo que hace que haya que planificar los viajes largos de manera diferente.

 

La cantidad de energía disponible en una batería se expresa en kWh, así como el consumo en un coche eléctrico. Se podría equiparar a la capacidad de un depósito y los litros de combustible para poder calcular la autonomía.

 

Los eléctricos más modernos, con los sistemas de gestión de la batería y su mayor capacidad, permiten ya una amplia autonomía de varios cientos de kilómetros, como el SUV eléctrico Mokka-e, que ofrece hasta 332 km con una sola carga. O la furgoneta eléctrica Vivaro-e, hasta 230 o 330 según la batería. Pero para que esto sea posible, además de una conducción adecuada utilizando los sistemas de gestión, también requiere racionalizar el uso de determinados sistemas. Por ejemplo la climatización.

 

La calefacción y el aire acondicionado, como otros sistemas y asistentes electrónicos, en el coche eléctrico se alimentan de la energía procedente de la batería de alimentación, lo que afecta directamente a la autonomía. En un coche movido por un motor de combustión, aunque todos los sistemas periféricos también afectan al consumo y se alimentan de una pequeña batería, el motor ayuda a su funcionamiento en algunos casos y el consumo se ve menos alterado.

 

Obviamente la naturaleza del propulsor y la manera de entregar la potencia marcan diferencias entre un eléctrico y un coche de gasolina o diésel. Estos últimos, con un rango de utilización mucho más variable, requieren, según los diferentes motores, apoyarse constantemente en el cambio –manual, o automático en sus diferentes tipos, la mayoría con modo secuencial– para poder disponer de una respuesta adecuada.

 

En un coche eléctrico, con un cambio de una relación, solo hay que insertar la posición “D” para ponernos en marcha y la “R” para maniobrar marcha atrás.

 

¿Caballos o kilovatios? Hablamos de lo mismo, es decir de la potencia que rinden los motores. En el coche eléctrico ésta es constante desde el primer momento, mientras que en los de combustión se suele alcanzar en los regímenes más altos del motor. 

¿Cómo se conduce un coche eléctrico?

En un vehículo eléctrico, teniendo en cuenta las referencias mencionadas, dinámicamente, aunque con sus peculiaridades consecuencia de las características del motor, no hay grandes diferencias desde detrás del volante. Todo es sencillo en un coche eléctrico: acelerar y frenar, con un comportamiento que no tiene que envidiar al de un coche de combustión equilibrado. El coche eléctrico, a consecuencia de las baterías, tiene un peso superior, pero la rigidez de sus chasis y una puesta a punto específica de las suspensiones, lo filtra con efectividad en la mayoría de coches eléctricos de última generación. 

 

Las nuevas plataformas modulares permiten colocar las baterías de forma que el peso del conjunto sea equilibrado entre ambos ejes y su centro de gravedad bajo, para ofrecer un comportamiento semejante al de un coche diésel o gasolina, adoptando los mismos asistentes electrónicos de conducción y seguridad.

 

La diferencia dinámica está, sobre todo, en saber dosificar la entrega de par al acelerar para que la conducción sea homogénea, aprovechando ese plus de seguridad que supone respecto a la mayoría de coches de respuesta más lenta.

En un gasolina te apoyas en el motor para retener, pero en una conducción efectiva son los frenos los que mandan y reducimos marchas para tener siempre potencia disponible. En un eléctrico puedes conducir apoyándote en los niveles de retención, prácticamente sin utilizar el freno y sin necesidad de que el motor se encuentre a un determinado régimen de revoluciones. En modelos avanzados como el Nuevo Opel Corsa-e disponemos de dos niveles de regeneración de energía cuando retenemos. Un modo moderado con el cambio situado en la posición “D” , que ofrece una retención similar a la que se experimenta en un coche de gasolina. Y la posición “B”, en la que la retención es superior y modularemos la velocidad pisando más o menos el acelerador.

 

A la hora de conducir un eléctrico optimizaremos la conducción con la información que transmite en los gráficos de la instrumentación y el navegador para gestionar al máximo la autonomía y controlar los puntos de recarga. Y controlaremos la entrega de potencia para priorizar el ahorro o las prestaciones, con el modo ECO para reducir al máximo el consumo y con ello también la respuesta al acelerador. O con los modos Normal en el uso diario y Sport, como en el Nuevo Opel Corsa-e, para aprovechar al máximo las prestaciones y sensaciones de aceleración.

 

Es una conducción más digital, más “inteligente”, la que empieza a marcar la nueva era del automóvil.